No quiero limpiar

Publicado por Lorena en

Foto de JESHOOTS.COM en Unsplash

La verdad es que no quiero limpiar

Ya estoy cansada de tanta limpieza. ¿Sabes cuantas veces paso la balleta al día? Me llamo a mi misma «Doña limpia». Buff…esto de ser fisioterapeuta en el 2021 y la rigurosa higiene que tengo que tener con todo me ha sacado un demonio que tenía dentro.

Y es que no me gusta perder el tiempo limpiando. Aunque pensándolo mejor…¿realmente estoy perdiendo el tiempo cuando limpio? ¿Hay algo más profundo que me está diciendo esta situación que estoy viviendo?

Ya hechaba de menos darle vueltas a las cosas para poder aclarar mejor mi vista de la realidad.

Hoy vengo a hablarte de la limpieza desde otro ángulo. Desde otro que tenemos quizá…¿menos limpio?

¿Le damos a la balleta? ¡Claro que sí!

¿La limpieza es obligatoria?

Hoy voy a hablarte del caballo de batalla de parte de mi vida, la limpieza.

La limpieza a todos los niveles.

Ya desde pequeña, era una niña a la que no le gustaba el momento limpieza-higiene.

Si me ensuciaba la cara, no me gustaba lavármela. Si me manchaba la ropa, no me importaba y tenía pereza por cambiarme de ropa. Mi habitación era un cumulo de trastos, ropa y objetos de lo más variopintos.

Recuerdo como mi madre me intentaba peinar y yo me negaba con rabia. Las duchas y baños era algo para mi completamente obligatorio. La limpieza era obligatoria.

Luego estaba la parte del orden y limpieza de mi habitación. Ese nido de cosas del que te hablada, y en el que la limpieza brillaba por su ausencia desde el momento en que su mantenimiento fue tarea mía.

Dentro de esa habitación, más o menos sabía dónde estaban las cosas que usaba a diario, pero había acumulado cientos que no sabía de su existencia. Cosas repetidas, cosas estropeadas, ropa vieja que no me valía, libros de todo tipo, trofeos de patinaje llenos de cientos de cosas en su interior, y un sinfín de objetos que no usaba para nada coronaban cualquier resquicio en el que se pudiera meter algo de aire.

Mi madre no hacía más que recordarme: Lore, organiza la leonera. Ahora que lo pienso es curioso que mi signo lunar sea Leo. Quizá me sentía una reina de la selva jajaja

Con los años, comencé a darme cuenta de que tenía que comenzar a organizar mis cosas si quería ser mayor, es decir, comportarme como mi madre. La figura de referencia que tenía que era la persona de mi familia que se dedicaba a organizarlo todo. Es decir, comencé a asumir el papel de madre. Y lo hice cuando conocí a mi actual pareja con 16 años.

Claro, si quería que mi pareja viniera a mi habitación, esta tendría que estar medianamente presentable. No quería que se espantara y marchara corriendo. Y en cuanto al tema de la higiene, también era para mi fundamental que mi pareja me viera limpia y aseada.

Ahora sí que quiero limpiar. ¿O no?

Llegados a este punto voy a reflexionar sobre estas últimas cosas que he dicho. Por un lado, cogí el papel de madre que todo lo organiza. Por otro, me aseo de cara al público. Todo lo que comencé a hacer era para que no me rechazaran.

Por un lado, comportarme como madre que todo lo organiza, para que mi familia me viera como algo útil y que hacía las cosas bien. Y por otro lado, estar limpia y bien vestida de cara a mi pareja para mantener esa pareja a mi lado.

Este cambio a qué se debió. ¿Adaptarme a vivir en sociedad porque me encanta esta sociedad? ¿O meterme en un disfraz elegante (personalidad nueva) con el que me adaptase a la sociedad para no quedarme sola en el mundo?

Limpieza, higiene y orden por tanto van de la mano. Y todas ellas las comencé a hacer de cara a la galería para poder vivir en sociedad. Digamos que las ganas de limpiar en si no salían de una necesidad interna con la que yo contactara. Sino de un miedo, el miedo a la soledad.

Contactando con mi necesidad interna de limpiar.

Las cosas no son tan fáciles de explicar y menos de entender o ver su verdadero origen. Hay una parte en mi a la que sí que le gusta estar limpia y aseada. Una parte interna que disfruta cuando me doy el lujo de bañarme con agua caliente, o cuando veo que la energía fluye por una habitación con pocas cosas y que estas estén ordenadas. ¿Estoy desconectada entonces?

También sucede algo curioso. Cuando estoy triste o deprimida, la limpieza de los espacios es lo primero que comienza a costarme mantener. Y después de que el desorden comience a manifestarse, lo que más me cuesta es arreglarme para “estar bonita”. ¿Bonita para quién?

Hoy en día, me doy cuenta de que cuando veo algo desorganizado en mi casa y que me cuesta volver a ordenar, o que prefiero hacer otras cosas que cuidar de mi piel, significa que hay algún tipo de desequilibrio en mi salud. Hay algo dentro de mi que no me estoy permitiendo limpiar y soltar.

Cuando era pequeña y no quería limpiarme, lo que no quería soltar era a mi madre. Quería que ella fuera la que me estuviera cuidando siempre. En el momento que cogí el arquetipo de madre como válido y lo integré en mi, y le quité ese peso a mi madre, la habitación comenzó a estar limpia.

Por otro lado, en el momento que cogí el arquetipo de amante como válido, mi higiene y cuidado personal fueron óptimos.

Sin embargo, cuando comienzo a ver síntomas en mi que luchan por mantener la casa limpia o mi propia higiene, ya me doy cuenta de que hay algo que tengo que limpiar, soltar u organizar en mi interior. Algún arquetipo no estoy abrazando, o algo no estoy soltando.

Cuando era pequeña no entendía el sentido de la limpieza. Pensaba que era algo que se tenía que hacer porque si. Así me lo habían explicado. Generación tras generación.

Hoy en día, veo que la limpieza es algo que hace que la energía fluya, tanto interna como externamente. ¡Me he enchufado conmigo!

Si yo vivo en un ambiente organizado, limpio, la energía de la casa fluye mejor. Y también me permite detectar que si comienza a faltar algo de limpieza, hay algo en mi que tengo que revisar (o en la relación de pareja).

Lo mismo con mi higiene y estilismo personal. Si comienzo a renegar mis cuidados, ya me está diciendo mi propio estado que algo está comenzando a desequilibrarse.

Y esto, son señales que he aprendido a ver con el paso de los años. La reconexión me ha llevado tiempo.

La conclusión sobre la limpieza es…

Por ello, he llegado a la conclusión, de que lo que vemos afuera, es un reflejo de lo que está sucediendo en el mundo interior. Así como es adentro es afuera.

Cada uno tiene sus propias señales a las que le tiene que prestar atención. En mi caso estas señales son una buena guía para darme cuenta con antelación de qué tengo que comenzar a reequilibrarme.

No te digo que sea sencillo llegar a este tipo de conclusiones, se requiere años de observación. Pero comenzar a comprender por qué haces las cosas que haces, o por qué dejas de hacerlas, es un paso de gigante hacia tu autoconocimiento.

Y quiero recalcar una cosa, y es que ha supuesto un gran cambio en mi evolución el hecho de trabajar a diario mi autocuidado. Es decir, aprender a seducirme a diario como si yo misma fuera mi propia amante. Aprender a mimarme, a ser atenta conmigo misma, a dedicarme tiempo, a colmarme con aquellas cosas que me llenan, a tratarme con cariño, y a darle al mantenimiento del equilibrio de mi energía gran importancia.

Así que solo espero que, si todavía no has comenzado a seducirte a ti misma, comiences hoy agradeciendo que tienes a tu lado al ser más bello de este universo. A ti.

Y si estás preparada para mirar hacia dentro y limpiar esos demonios que tienes dentro para lograr sentirte mejor, te recomiendo mi «Programa Equilibrate».

Un fuerte abrazo.

Lore.


0 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies